Desde esta nuestra Iglesia, necesitada de esa "profecía exterior", intentando ser profetas capaces de adentrarse en la oscuridad y barruntar donde nadie los ve signos de vida, Ricardo nos proponía algunos signos de los tiempos que nos pueden ayudar a descubrir una imagen más auténtica de Dios. Eso, y algunos signos de cómo tomárnoslo o de nuestra experiencia, fue lo que ofrecimos en el ofertorio de la eucaristía:
Mayor valoración de la ternura
Mayor valoración de lo comunitario
Mayor valoración de las ONGs
Siendo capaces de ver signos de vida o de belleza donde nadie los ve.
Yendo a la semilla de nuestra fe, en concreto a la semilla del árbol del amor.
Y como el caracol, despacito y dejando una huella sólo visible si se la mira desde el reflejo del sol en ella.
También ofrecimos las libretas en las que hemos recogido ejercicios ¡desde 1993! (con anotaciones para la historia) y la hoja del árbol del amor con los 32 años que Concha y Julián llevan compartiendo la vida.
Las gafas las ofrecemos para que se vea cómo vamos estando muchos ya, prueba de la experiencia acumulada.





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